jueves, 18 de octubre de 2018

VIAJE DE VUELTA


                                                               VIAJE DE VUELTA

Sembrando.
Hoy domingo lanzamos  en silencio sus cenizas, así, como sembrando. Ahí en el patio, “su jardín”, debajo de los naranjos, limoneros, y pomelos, esos que plantó ella. Lo decidimos entre los tres hermanos, pensamos que le darían un nuevo sabor, y, qué al comerlos inevitablemente la recordaríamos. Así lo hicimos.
Suponíamos que así lo querría ella, ya que el tema “muerte “y “cremación”, no eran temas de discusión que tocáramos frecuentemente en los almuerzo de los domingos.
Sin embargo después que mi hermano, el del medio,  fuera a buscar sus restos a Roma, nos sorprendimos al leer la carta que ella  nos dejó , donde nos confesaba del pacto que se habían juramentado entre mi padre y ella . Eso de esparcir las cenizas del qué partiera primero, allá en Roma, donde, según sus palabras fueron inmensamente felices.
Pero jamás imaginamos un final así. Nos quedamos huérfanos de la noche a la mañana. Tremenda realidad. Nos abrazamos en silencio/ lloramos. La urna vacía nos contemplaba desde la mesa de madera.
Quedamos en juntarnos mañana lunes para decidir el destino de las cosas.
Los lunes suelen ser  densos, pero hoy es especial, nos vamos a reunir con mis hermanos y eso me predispone  de un humor muy particular ya que tomaremos decisiones que involucran puro sentimiento: Qué hacer con la casa y muebles de mis abuelos y de mis padres. Llegué, y ya estaban ellos sentados en la galería alrededor de la mesa redonda de granito gris con sus fríos bancos, también de piedra. Nos conocíamos tanto que ya sabíamos que determinación íbamos a tomar con todo; vender, si vender todo, la casa, los muebles, vajillas, decoración. Todo.
Mi hermana la mayor dijo: la casa la dejamos en mano de la inmobiliaria que la venda, nos repartimos lo qué a  cada uno le sirva o tenga algún afecto especial, y el resto lo vendemos  y nos dividimos lo que saquemos. Era de esperar, nos pusimos rápidamente de acuerdo. Creo, nos fuimos todos con una sensación de vacío, de orfandad, pero no dijimos ni una palabra de eso.
A los seis meses volví a la casa de mis viejos, a pedido de  la inmobiliaria, el tema era resolver qué hacer con la  mesa grande, la del comedor de madera rectangular, y la  silla que quedaron  sin vender. Está demás decir que recorrí la casa a oscuras, —a propósito—, quería sentir, guiarme por los olores, que se dilaten mis poros para permitir penetrar  los perfumes de mi infancia, alguna voz escondida, una puerta que se abra, alguien corriendo en la galería, en fin éramos dos; los recuerdos que me atravesaban  y yo. Era mi casa
Nada lograba hacer que yo supere mi desazón, mi aflicción por desprenderme de esa mesa y la silla del abuelo,  me fui hasta el auto busqué una lapicera y arranqué unas hojas de mi libreta, entré a la casa y me puse a escribir de un tirón lo que sentía y dejar la nota sobre la mesa. Presentía que le pasaba la posta, la responsabilidad al próximo habitante del destino de esos muebles,  que más que mobiliarios  eran familiares directos, parientes, casi memoria viva.

Estimado/a: Dueño/a-Inquilino/a:
Cuando usted lea esta carta que le he dejado sobre la mesa (en verdad es un instructivo de 10 pasos) sienta, perciba, que ha ingresado a una casa, qué: si hace un poco de silencio va escuchar voces, murmullos, y hasta algún grito de la abuela, mi madre y los chicos.
Es mi intención que al leerla advierta usted la profunda emoción, y la nostalgia que me ahoga y abruma al escribirla. Creo que le llaman angustia de abandono.


INSTRUCCIONES:
1ero) Abra la ventana que está a su derecha, deje que entre la luz, fíjese… está ante una mesa de madera y una silla también  de madera. Ante tal obviedad usted puede hacer dos cosas: dejar de leer o continuar con el punto dos.
2do) Por esta mesa pasaron cuatro generaciones que dejaron sentados los principios morales y las bases para educar y mantener conductas éticas, reglas de respeto para todas las descendencias. También cumplir las normas de  tradicionales  recetas secretas,  y determinadas  comidas para cada acontecimiento de la vida.
3er) Siempre. Pero siempre, religiosamente nos juntábamos los domingos y cumpleaños a comer los tallarines amasados por la Nona, si no comíamos la pasta, no habías cumplido los años. En la punta de la mesa donde usted está sentado,  note en el borde unas marcas, como “cicatrices”, esas,  pase el dedo, bueno, esas; las dejó el abuelo cada vez que golpeaba con el cuchillo para pedir la palabra, eran para destacar, retar, o anunciar algún acontecimiento en voz alta (eso era inevitable), juzgue por las huellas las veces que habló.
4to) Por favor levante la vista, mire la otra punta de la mesa, entrecierre los ojos, fíjese, tranquilo, fíjese bien, quizás pueda ver la fuente apoyada con los fideos y la abuela sirviendo, “primero por la derecha “decía, eran las reglas de  la cortesía (era autodidacta). Nunca estudió. Siempre crió y trabajó.
5to) Lo invito apoyar las dos manos sobre la mesa, con las palmas hacia abajo, cierre los ojos ¿lo siente?...¿sí?..., bueno, esos ruidos son de los chicos, es decir nosotros, mis hijos, los hijos de mi hermano y hermana, tíos, tías, golpeando con los cubiertos, arrastrando algún plato, los vasos que se caían, invariablemente llenos(designio del destino), levántese despacio, mire a su derecha… ve esa mancha en la mesa. Nunca la pudimos sacar, acerque su nariz, huela, es tinto del bueno.
6to)  Mire el techo, ve la lámpara con la tulipa de vidrio con flores. Era de la abuela de mi abuela, intentarla cambiar resultó tan estéril, como modificar o sacarle la fórmula del tuco. “Esas cosas no se cambian, son intocable como la familia”—su frase tradicional—“una unidad monolítica”, ¿para qué cambiar?... “El que busca una familia sin defecto, se queda sin familia”…  sentencias del abuelo, que comunicaba con la palabra y el cuerpo.
7mo) Si usted desea y tiene ganas, puede hacer un minuto de silencio por las penas, muertes, discapacidades, amores, sufrimientos, alegrías, llantos, abandonos, embarazos perdidos, sueños frustrados,… hágalo. Nosotros lo hicimos.
8vo) Recupérese de lo anterior. Nosotros pudimos. A esta altura usted ya se habrá dado cuenta que tipos de personas habitaron esta casa, y se sentó en esta mesa. Le parecerá grande, pero no crea, hubo un tiempo que le agregábamos la otra,  la del patio. Pero también es cierto que últimamente, y antes de escribir esta carta, sobraban lugares, estaba más vacío, espacioso, casi sin ruidos, no pregunte por qué. Usted imagine.
9no) Todo lo qué le conté acá es testimonial. Nacimos, crecimos, y nos unimos siempre alrededor de este rectángulo, pero el paso del tiempo  cruel, inexorable, marcó las buenaventura  para algunos, y desesperanzas para otros, las deserciones y ausencias de nuestros referentes hizo que nos juntáramos hace exactamente seis meses  atrás, y como no podía ser de otra manera, tomamos la decisión en común acuerdo de vender todo. Menos esta mesa y la silla del abuelo en la qué está usted sentado. ¿Siente su presencia?...Está. Siempre está.
10mo) Con esto cierro.  Si usted sigue con las instrucciones y conserva los fundamentos de “Unión y AMOR” que requiere una familia, y la “Lucha y Perseverancia” con qué están impregnadas estas paredes y rincones, es probable  que tenga un alto porcentaje de superar contingencias, crisis y obstáculos que le imponga la vida, y si eso sucede,  está casi al borde  de alcanzar sus sueños, de lograr ser FELIZ.  Nosotros lo fuimos.
¡Ah!...me olvidaba,  si algún día se muda o vende, por favor escriba sus diez instrucciones de uso.
Gracias, afectuosamente la familia.





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