MESA Y SILLA: INSTRUCCIONES DE USO
Hoy
domingo las esparcimos en silencio, en
el patio, ahí debajo de los naranjos, esos
que plantó su padre y ella nos pidió que sus huesos—sus cenizas—las
desparramáramos como si fueran un abono para los pomelos, naranjos y limoneros.
—“Ojalá les diera un nuevo sabor, y al comerlas me recuerden”—.Así lo hicimos.
Así era mi madre.
Nos
abrazamos en silencio con mis hermanos, quedamos en juntarnos mañana lunes para
decidir el destino sobre las cosas de la casa.
Los lunes suelen ser para mí; densos,
pero hoy es especial, nos vamos a reunir con mis hermanos y eso me
predispone de un humor muy particular ya
que tomaremos decisiones que involucran puro sentimiento: Que hacer con la casa
y muebles de mis abuelos y de mis padres. Llegué, y ya estaban ellos sentados
en la galería alrededor de la mesa redonda de granito gris con sus fríos
bancos, también de piedra. Nos conocíamos tanto que ya sabíamos que
determinación íbamos a tomar con todo; vender, si vender todo, la casa, los
muebles, vajillas, decoración, todo.
Mi hermana la mayor dijo: la casa la
dejamos en mano de la inmobiliaria que la venda o alquile, nos repartimos lo
que cada uno le sirva o tenga algún afecto especial, y el resto lo
vendemos y nos dividimos lo que
saquemos. Era de esperar, nos pusimos rápidamente de acuerdo. Creo, nos fuimos
todos una sensación de vacío, de orfandad, pero no dijimos ni una palabra de
eso.
A los seis meses volví a la casa de mis
viejos. Fue a pedido de la inmobiliaria,
el tema era resolver que hacer con la
mesa grande, de madera,
rectangular del comedor y una
silla que quedaron sin vender.
Está demás decir que recorrí la casa a oscuras, —a propósito—, quería sentir,
guiarme por los olores, que se dilaten mis poros para permitir penetrar los perfumes de mi infancia, alguna voz
escondida, una puerta que se abra, alguien corriendo en la galería, en fin
éramos dos; los recuerdos que me atravesaban
y yo. Era mi casa
Nada lograba hacer que supere mi
desazón, mi aflicción por desprenderme de esa mesa y la silla del abuelo, me fui hasta el auto busqué una lapicera y
arranqué unas hojas de mi libreta, entré a la casa y me puse a escribir de un
tirón lo que sentía y dejar la nota sobre la mesa, presentía que le pasaba la
posta, la responsabilidad al próximo habitante del destino de esos
muebles, más que mobiliarios eran familiares directos, parientes, casi
memoria viva.
Estimado/a: Dueño/a-Inquilino/a:
Cuando usted lea esta carta que le he
dejado sobre la mesa (en verdad es un instructivo de 10 pasos) sienta, perciba,
note que ha ingresado a una casa, que: si hace un poco de silencio va escuchar
voces, murmullos, y hasta algún grito de la abuela, mi madre y los chicos.
Es mi intención que al leerla advierta
usted la profunda emoción, y la nostalgia que me ahoga y abruma al escribirla.
Creo le llaman angustia de abandono.
INSTRUCCIONES:
1ero) Abra la ventana que está a su
derecha, deje que entre la luz, fíjese… está ante una mesa de madera y una
silla también de madera. Ante tal
obviedad usted puede hacer dos cosas: dejar de leer o continuar con el punto
dos.
2do) Por esta mesa pasaron cuatro
generaciones que dejaron sentados los principios morales y las bases para
educar y mantener conductas éticas, reglas de respeto para todas las
descendencias. También cumplir las normas de los tradicionales condimentos,
recetas secretas, y determinadas comidas para cada acontecimiento de la vida.
3er) Siempre. Pero siempre,
religiosamente nos juntamos los domingos y cumpleaños a comer los tallarines
amasados por la Nona, si no comíamos la pasta, no habías cumplido los años. En
la punta de la mesa donde usted está sentado,
note en el borde unas marcas, como “cicatrices”, esas, pase el dedo, bueno, esas; las dejó el abuelo
cada vez que golpeaba con el cuchillo para pedir la palabra, eran para
destacar, retar, o anunciar algún acontecimiento en voz alta (eso era
inevitable), juzgue por las huellas las veces que habló.
4to) Por favor levante la vista, mire la
otra punta de la mesa, entrecierre los ojos, fíjese, tranquilo, fíjese bien,
quizás pueda ver la fuente apoyada con los fideos y la abuela sirviendo,
“primero por la derecha “decía, eran las reglas de la cortesía (era autodidacta). Nunca estudió.
Siempre crió y trabajó.
5to) Lo invito apoyar las dos manos
sobre la mesa, con las palmas hacia abajo, cierre los ojos ¿lo
siente?...¿sí?..., bueno, esos ruidos son de los chicos, es decir nosotros, mis
hijos, los hijos de mi hermano y hermana, tíos, tías, golpeando con los
cubiertos, arrastrando algún plato, los vasos que se caían, invariablemente
llenos(designio del destino), levántese despacio, mire a su derecha… ve esa
mancha en la mesa, nunca la pudimos sacar, acerque su nariz , huela, es tinto
del bueno.
6to)
Mire el techo, ve la lámpara con la tulipa de vidrio con flores, era de
la abuela de mi abuela, intentarla cambiar resultó tan estéril, como modificar
o sacarle la fórmula del tuco. “Esas cosas no se cambian, son intocable como la
familia”—su frase tradicional—“una unidad monolítica” (sic), ¿para qué
cambiar?... “El que busca una familia sin defecto, se queda sin familia”… sentencias del abuelo, que comunicaba con la
palabra y el cuerpo.
7mo) Si usted desea y tiene ganas, puede
hacer un minuto de silencio por las penas, muertes, discapacidades, amores,
sufrimientos, alegrías, llantos, abandonos, embarazos perdidos, sueños
frustrados,… hágalo. Nosotros lo hicimos.
8vo) Recupérese de lo anterior. Nosotros
pudimos. A esta altura usted ya se habrá dado cuenta que tipos de personas
habitaron esta casa, y se sentó en esta mesa. Le parecerá grande, pero no crea,
hubo un tiempo que le agregábamos la otra,
la del patio. Pero también es cierto que últimamente, y antes de
escribir esta carta, sobraban lugares, estaba más vacío, espacioso, casi sin ruidos,
no pregunte por qué. Usted imagine.
9no) Todo lo que le conté acá es
testimonial. Nacimos, crecimos, y nos unimos siempre alrededor de este
rectángulo, pero el paso del tiempo
cruel, inexorable, marcó las buenaventura para algunos, y desesperanzas para otros, las
deserciones y ausencias de nuestros referentes hizo que: nos juntáramos hace
exactamente un mes atrás, y como no podía ser de otra manera, tomamos la
decisión en común acuerdo de vender todo. Menos esta mesa y la silla del abuelo
en la que está usted sentado. ¿Siente su presencia?...Está. Siempre está.
10mo) Con esto cierro. Si usted sigue con las instrucciones y
conserva los fundamentos de “Unión y AMOR” que requiere una familia, y la
“Lucha y Perseverancia” con que están impregnadas estas paredes y rincones, es
probable que tenga un alto porcentaje de superar contingencias, crisis y
obstáculos que le imponga la vida, y si eso sucede, está casi al borde de alcanzar sus sueños, de lograr ser
FELIZ. Nosotros lo fuimos.
¡Ah!...me olvidaba, si algún día se muda o vende, por favor
escriba sus diez instrucciones de uso.
Gracias, afectuosamente la familia.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario