EL CIRCO
Elena
esperaba extasiada el elefante.
Eloy
—el hermano mayor— explicó entonces: El
circo errante estaba estacionado cerca del estanque con escaleras, ese, el de
la Estancia El Eucalipto.
Estaba
emocionada. Ella entendió que era una oportunidad exclusiva, especial. ¿Era
ello aún lo que la emocionaba? (el espectáculo) o el embrujo especial de
experimentar ver enjaulados los especímenes africanos. Empecinada; esperaría
eso que tanta ensoñación le producía en su adolescencia: escenas entrañables en
familia.
Elena,
empezaba su esperanza. Encerrada en su habitación, embellecía su espeso pelo
enfrentada al espejo.
Aguardaba
a su adorable Abel, añoraba abrazarlo, acariciarlo y además aconsejarle cómo ir
al acto de apertura. ¡Ah! el amor atribulado.
Alicia
su hermana menor, asomada atrás del armario azul, aguardaba agachada para
asustarlos. No ahorraba artilugios para arrebolar las caras de los amantes ante la ausencia de invitación a la actuación circense. Ahogaba así su
angustia.
¡Ojo!
opinó Omar, oficiaré de organizador de esta salida. Ocurre, oí que obreros y
ocupantes de carromatos, son ordinarios y obscenos, aunque obsequian entradas
para la obra de las ocho. Observan con oficio
oportuno, que la opción sean familias
con niños y ocupen lugares óptimos, como la pista oval. ¡Ojalá! Oigan las
órdenes de Orfeo el domador oculto en la oscuridad, y verán como obedecen ocho obesos osos opacos. ¡Oh! eso
solo obnubila y obliga volver en
octubre.
El
mayor seguía su soliloquio: seguramente
se reirán, sólo con los seis saltimbanquis;
ellos suelen salir a bailar, silbar y saltar al son del saxo; se paran,
se sientan, simulan sopapos, siempre sobre sillas, y simultáneamente saltan
siete sillones. Si ellos sienten el silencio; se separan y sacuden al público:
¡Señoras y señores! Y con una señal: sueltan sorbetes de siliconas con sirenas.
Sentados y sin dudas soltarán carcajadas
soñadas.
Recuerden—recomendó
responsable —regresen recorriendo recto la ruta recién inaugurada, hasta la
rotonda roja del rosedal, retomen por la
región ribereña, y reúnanse conmigo en el Restó RENOIR. Reservé recientemente
para cenar. Recomendaron recetas raras, ricas, imposible rechazar: rabas,
ranas, y ragú de róbalo.
Elena
romántica resaltó la función, y retirándose recitó un refrán: recordar, revivir, y <<Recuerden, retener en sus
retinas: la real magia del circo>>.
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