sábado, 20 de octubre de 2018

EL CIRCO


                                                                 EL CIRCO

Elena esperaba extasiada el elefante.
Eloy —el hermano mayor— explicó entonces:  El circo errante estaba estacionado cerca del estanque con escaleras, ese, el de la Estancia El Eucalipto.
Estaba emocionada. Ella entendió que era una oportunidad exclusiva, especial. ¿Era ello aún lo que la emocionaba? (el espectáculo) o el embrujo especial de experimentar ver enjaulados los especímenes africanos. Empecinada; esperaría eso que tanta ensoñación le producía en su adolescencia: escenas entrañables en familia.
Elena, empezaba su esperanza. Encerrada en su habitación, embellecía su espeso pelo enfrentada al espejo.
Aguardaba a su adorable Abel, añoraba abrazarlo, acariciarlo y además aconsejarle cómo ir al acto de apertura. ¡Ah! el amor atribulado.
Alicia su hermana menor, asomada atrás del armario azul, aguardaba agachada para asustarlos. No ahorraba artilugios para arrebolar las caras de los amantes ante la ausencia de invitación a la actuación circense. Ahogaba así su angustia.
¡Ojo! opinó Omar, oficiaré de organizador de esta salida. Ocurre, oí que obreros y ocupantes de  carromatos, son  ordinarios y obscenos, aunque obsequian entradas para la obra de las ocho.  Observan con oficio oportuno, que la opción sean  familias con niños y ocupen lugares óptimos, como la pista oval. ¡Ojalá! Oigan las órdenes de Orfeo el domador oculto en la oscuridad, y verán  como obedecen ocho obesos osos opacos. ¡Oh! eso solo obnubila y obliga  volver en octubre.
El mayor seguía  su soliloquio: seguramente se reirán, sólo con los seis saltimbanquis;  ellos suelen salir a bailar, silbar y saltar al son del saxo; se paran, se sientan, simulan sopapos, siempre sobre sillas, y simultáneamente saltan siete sillones. Si ellos sienten el silencio; se separan y sacuden al público: ¡Señoras y señores! Y con una señal: sueltan sorbetes de siliconas con sirenas.  Sentados y sin dudas soltarán carcajadas soñadas.
Recuerden—recomendó responsable —regresen recorriendo recto la ruta recién inaugurada, hasta la rotonda roja  del rosedal, retomen por la región ribereña, y reúnanse conmigo en el Restó RENOIR. Reservé recientemente para cenar. Recomendaron recetas raras, ricas, imposible rechazar: rabas, ranas, y ragú de róbalo.
Elena romántica resaltó la función, y retirándose recitó un refrán: recordar, revivir, y  <<Recuerden, retener en sus retinas: la real magia del circo>>.











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