lunes, 22 de octubre de 2018

LAS DIEZ MUERTES DE WALTER


                                                    
                                            LAS DIEZ MUERTES DE WALTER
                                                    (RELATO URBANO-REAL)


             La Primera:
Agosto/frío/noche/gritos/balazo/cabeza/asfalto/sangre/muerte/alarido/desesperación/tragedia/lamento/súplicas/ruegos/llantos/desconsuelos/llantos/llantos/llantos.
Un estampido brutal, una bala te arrebató la vida, tan pronto, ese tiro nos atravesó a todos, tan rápido, tan prematuro, un disparo fatal se interpuso  en tu vida derrumbando tus sueños. Respiramos y nos duele.
Las otras nueves:
Una muerte tras otra, una tras otra, se fueron multiplicando, cada vez que Walter repetía casi como un salmo ante cada funcionario frío:
   ¿Edad?
    19 años.
   ¿Parentesco?
    Hijo.
   ¿Hecho?
   Lo mataron.
Todo un calvario. Un martirio. Un sufrimiento infinito pasar por todo eso, para poder sepultarlo en paz. Dolor perpetuo. Era Sísifo hoy.
Mirándome con los ojos llorosos, rojos, casi sangrantes, me suplicó; 
---¡Cuàndo termina esto!¡¡ Por Dios…!! y agregò agarràndome el brazo:
---Es como desangrarse, me pesan los pies,  me pesa el alma, me estoy arrastrando, estoy cargando a cuestas el cajón con mi hijo por estos pasillos inmundos con la misma letanía: 19 años/hijo/balazo/muerte/papel/sello/19 años/hijo/balazo/muerte/papel/sello, siento que cada trámite es una mutilación.

             Pensé: ¿no sé cómo su corazón resiste?. Último sello, giró y me rogó:
— ¡¡Sacame de acá!! No doy más con este suplicio administrado, quiero escapar de esta trituradora—soltó desolado.
Nos fuimos a su casa. Desgarrados.
Llegamos. El interminable y  lloroso abrazo con su mujer, eran mil abrazos juntos, era congoja pura, un dolor  inextinguible.
El rogando enterrarlo ya. Quería desaparecer con él. Estar bajo tierra. Ocultar en un abismo el tremendo daño que le producía esa fatalidad. Se quería ir con él.
Ella  en cambio desamparada. Huérfana de ese hijo, imploraba verlo una vez más, solo un minuto, lo pidió con el último aliento: me quiero despedir él —rogó devastada.

Yo ahí… expectante…roto, con mi corazón fùnebre.
Agosto. Lluvia. A la mañana el cortejo llegó hasta la fosa recortada rectangular. La boca abierta en la tierra parecía tan grande para ese pequeño ataúd, el enterrador lo depositó. El pozo se lo tragó. Desapareció. El hoyo fue cubierto por una alfombra verde. Quedamos todos mirando ese hueco como congelados por un rayo helado, esperando alguna respuesta, una voz sanadora…algo. Solo cabía una afirmación: había tanto dolor, tanta desesperanza, que hasta se podía pesar.
A la madre se le oyó gritar: ¡Dame paz Dios! ¡Dios calma mi pena por favor! ¡Dale consuelo a mi dolor! ¡Ay!.. tanto como yo te di! ¡¡Te di mi hijo!! ¡Te di todo! ¡Todo!..
La lluvia en la cara se confundía con las lágrimas.






No hay comentarios.:

Publicar un comentario