LAS DIEZ MUERTES DE WALTER
(RELATO URBANO-REAL)
La Primera:
Agosto/frío/noche/gritos/balazo/cabeza/asfalto/sangre/muerte/alarido/desesperación/tragedia/lamento/súplicas/ruegos/llantos/desconsuelos/llantos/llantos/llantos.
Un estampido brutal, una bala te arrebató la vida,
tan pronto, ese tiro nos atravesó a todos, tan rápido, tan prematuro, un
disparo fatal se interpuso en tu vida
derrumbando tus sueños. Respiramos y nos duele.
Las otras nueves:
Una muerte tras otra, una tras otra, se fueron multiplicando, cada vez
que Walter repetía casi como un salmo ante cada funcionario frío:
—
¿Edad?
—
19 años.
—
¿Parentesco?
—
Hijo.
—
¿Hecho?
—
Lo mataron.
Todo un calvario. Un martirio. Un sufrimiento
infinito pasar por todo eso, para poder sepultarlo en paz. Dolor perpetuo. Era
Sísifo hoy.
Mirándome con los ojos llorosos, rojos, casi
sangrantes, me suplicó;
---¡Cuàndo termina esto!¡¡ Por Dios…!! y agregò agarràndome el brazo:
---Es como desangrarse, me pesan los pies, me pesa el alma, me estoy arrastrando, estoy cargando a cuestas el cajón con mi hijo por estos pasillos inmundos con la misma letanía: 19 años/hijo/balazo/muerte/papel/sello/19 años/hijo/balazo/muerte/papel/sello, siento que cada trámite es una mutilación.
---¡Cuàndo termina esto!¡¡ Por Dios…!! y agregò agarràndome el brazo:
---Es como desangrarse, me pesan los pies, me pesa el alma, me estoy arrastrando, estoy cargando a cuestas el cajón con mi hijo por estos pasillos inmundos con la misma letanía: 19 años/hijo/balazo/muerte/papel/sello/19 años/hijo/balazo/muerte/papel/sello, siento que cada trámite es una mutilación.
Pensé: ¿no
sé cómo su corazón resiste?. Último sello, giró y me rogó:
— ¡¡Sacame de acá!! No doy más con este suplicio administrado, quiero escapar
de esta trituradora—soltó desolado.
Nos fuimos a su casa. Desgarrados.
Llegamos. El interminable y lloroso abrazo con su mujer, eran mil abrazos
juntos, era congoja pura, un dolor
inextinguible.
El rogando enterrarlo ya. Quería desaparecer con él.
Estar bajo tierra. Ocultar en un abismo el tremendo daño que le producía esa
fatalidad. Se quería ir con él.
Ella en cambio desamparada. Huérfana
de ese hijo, imploraba verlo una vez más, solo un minuto, lo pidió con el
último aliento: me quiero despedir él —rogó devastada.
Yo ahí… expectante…roto, con mi corazón fùnebre.
Agosto. Lluvia. A la mañana el cortejo llegó hasta
la fosa recortada rectangular. La boca abierta en la tierra parecía tan grande para ese pequeño
ataúd, el enterrador lo depositó. El pozo se lo tragó. Desapareció. El hoyo
fue cubierto por una alfombra verde. Quedamos todos mirando ese hueco como congelados
por un rayo helado, esperando alguna respuesta, una voz sanadora…algo. Solo
cabía una afirmación: había tanto dolor,
tanta desesperanza, que hasta se podía pesar.
A la madre se le oyó gritar: ¡Dame paz Dios! ¡Dios calma mi pena por favor! ¡Dale consuelo a mi dolor! ¡Ay!.. tanto como
yo te di! ¡¡Te di mi hijo!! ¡Te di todo! ¡Todo!..
La lluvia en la cara se confundía con las lágrimas.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario