VIAJE DE VUELTA
Sembrando.
Hoy
domingo lanzamos en silencio sus
cenizas, así, como sembrando. Ahí en el patio, “su jardín”, debajo de los
naranjos, limoneros, y pomelos, esos que plantó ella. Lo decidimos entre los
tres hermanos, pensamos que le darían un nuevo sabor, y, qué al comerlos
inevitablemente la recordaríamos. Así lo hicimos.
Suponíamos
que así lo querría ella, ya que el tema “muerte “y “cremación”, no eran temas
de discusión que tocáramos frecuentemente en los almuerzo de los domingos.
Sin
embargo después que mi hermano, el del medio, fuera a buscar sus restos a Roma, nos
sorprendimos al leer la carta que ella
nos dejó , donde nos confesaba del pacto que se habían juramentado entre
mi padre y ella . Eso de esparcir las cenizas del qué partiera primero, allá en
Roma, donde, según sus palabras fueron inmensamente felices.
Pero
jamás imaginamos un final así. Nos quedamos huérfanos de la noche a la mañana.
Tremenda realidad. Nos abrazamos en silencio/ lloramos. La urna vacía nos
contemplaba desde la mesa de madera.
Quedamos
en juntarnos mañana lunes para decidir el destino de las cosas.
Los lunes suelen ser densos, pero hoy es especial, nos vamos a
reunir con mis hermanos y eso me predispone
de un humor muy particular ya que tomaremos decisiones que involucran
puro sentimiento: Qué hacer con la casa y muebles de mis abuelos y de mis
padres. Llegué, y ya estaban ellos sentados en la galería alrededor de la mesa
redonda de granito gris con sus fríos bancos, también de piedra. Nos conocíamos
tanto que ya sabíamos que determinación íbamos a tomar con todo; vender, si
vender todo, la casa, los muebles, vajillas, decoración. Todo.
Mi hermana la mayor dijo: la casa la
dejamos en mano de la inmobiliaria que la venda, nos repartimos lo qué a cada uno le sirva o tenga algún afecto especial,
y el resto lo vendemos y nos dividimos
lo que saquemos. Era de esperar, nos pusimos rápidamente de acuerdo. Creo, nos
fuimos todos con una sensación de vacío, de orfandad, pero no dijimos ni una
palabra de eso.
A los seis meses volví a la casa de mis
viejos, a pedido de la inmobiliaria, el
tema era resolver qué hacer con la mesa
grande, la del comedor de madera rectangular, y la silla que quedaron sin vender. Está demás decir que recorrí la
casa a oscuras, —a propósito—, quería sentir, guiarme por los olores, que se
dilaten mis poros para permitir penetrar
los perfumes de mi infancia, alguna voz escondida, una puerta que se
abra, alguien corriendo en la galería, en fin éramos dos; los recuerdos que me
atravesaban y yo. Era mi casa
Nada lograba hacer que yo supere mi
desazón, mi aflicción por desprenderme de esa mesa y la silla del abuelo, me fui hasta el auto busqué una lapicera y
arranqué unas hojas de mi libreta, entré a la casa y me puse a escribir de un
tirón lo que sentía y dejar la nota sobre la mesa. Presentía que le pasaba la
posta, la responsabilidad al próximo habitante del destino de esos
muebles, que más que mobiliarios eran familiares directos, parientes, casi
memoria viva.
Estimado/a: Dueño/a-Inquilino/a:
Cuando usted lea esta carta que le he
dejado sobre la mesa (en verdad es un instructivo de 10 pasos) sienta, perciba,
que ha ingresado a una casa, qué: si hace un poco de silencio va escuchar
voces, murmullos, y hasta algún grito de la abuela, mi madre y los chicos.
Es mi intención que al leerla advierta
usted la profunda emoción, y la nostalgia que me ahoga y abruma al escribirla.
Creo que le llaman angustia de abandono.
INSTRUCCIONES:
1ero) Abra la ventana que está a su
derecha, deje que entre la luz, fíjese… está ante una mesa de madera y una
silla también de madera. Ante tal
obviedad usted puede hacer dos cosas: dejar de leer o continuar con el punto
dos.
2do) Por esta mesa pasaron cuatro
generaciones que dejaron sentados los principios morales y las bases para
educar y mantener conductas éticas, reglas de respeto para todas las
descendencias. También cumplir las normas de tradicionales recetas secretas, y determinadas comidas para cada acontecimiento de la vida.
3er) Siempre. Pero siempre,
religiosamente nos juntábamos los domingos y cumpleaños a comer los tallarines
amasados por la Nona, si no comíamos la pasta, no habías cumplido los años. En la
punta de la mesa donde usted está sentado,
note en el borde unas marcas, como “cicatrices”, esas, pase el dedo, bueno, esas; las dejó el abuelo
cada vez que golpeaba con el cuchillo para pedir la palabra, eran para
destacar, retar, o anunciar algún acontecimiento en voz alta (eso era
inevitable), juzgue por las huellas las veces que habló.
4to) Por favor levante la vista, mire
la otra punta de la mesa, entrecierre los ojos, fíjese, tranquilo, fíjese bien,
quizás pueda ver la fuente apoyada con los fideos y la abuela sirviendo,
“primero por la derecha “decía, eran las reglas de la cortesía (era autodidacta). Nunca estudió.
Siempre crió y trabajó.
5to) Lo invito apoyar las dos manos
sobre la mesa, con las palmas hacia abajo, cierre los ojos ¿lo siente?...¿sí?...,
bueno, esos ruidos son de los chicos, es decir nosotros, mis hijos, los hijos
de mi hermano y hermana, tíos, tías, golpeando con los cubiertos, arrastrando
algún plato, los vasos que se caían, invariablemente llenos(designio del
destino), levántese despacio, mire a su derecha… ve esa mancha en la mesa. Nunca
la pudimos sacar, acerque su nariz, huela, es tinto del bueno.
6to)
Mire el techo, ve la lámpara con la tulipa de vidrio con flores. Era de
la abuela de mi abuela, intentarla cambiar resultó tan estéril, como modificar
o sacarle la fórmula del tuco. “Esas cosas no se cambian, son intocable como la
familia”—su frase tradicional—“una unidad monolítica”, ¿para qué cambiar?...
“El que busca una familia sin defecto, se queda sin familia”… sentencias del abuelo, que comunicaba con la
palabra y el cuerpo.
7mo) Si usted desea y tiene ganas,
puede hacer un minuto de silencio por las penas, muertes, discapacidades,
amores, sufrimientos, alegrías, llantos, abandonos, embarazos perdidos, sueños
frustrados,… hágalo. Nosotros lo hicimos.
8vo) Recupérese de lo anterior.
Nosotros pudimos. A esta altura usted ya se habrá dado cuenta que tipos de
personas habitaron esta casa, y se sentó en esta mesa. Le parecerá grande, pero
no crea, hubo un tiempo que le agregábamos la otra, la del patio. Pero también es cierto que
últimamente, y antes de escribir esta carta, sobraban lugares, estaba más vacío,
espacioso, casi sin ruidos, no pregunte por qué. Usted imagine.
9no) Todo lo qué le conté acá es
testimonial. Nacimos, crecimos, y nos unimos siempre alrededor de este
rectángulo, pero el paso del tiempo
cruel, inexorable, marcó las buenaventura para algunos, y desesperanzas para otros, las
deserciones y ausencias de nuestros referentes hizo que nos juntáramos hace
exactamente seis meses atrás, y como no
podía ser de otra manera, tomamos la decisión en común acuerdo de vender todo.
Menos esta mesa y la silla del abuelo en la qué está usted sentado. ¿Siente su
presencia?...Está. Siempre está.
10mo) Con esto cierro. Si usted sigue con las instrucciones y
conserva los fundamentos de “Unión y AMOR” que requiere una familia, y la “Lucha
y Perseverancia” con qué están impregnadas estas paredes y rincones, es
probable que tenga un alto porcentaje de
superar contingencias, crisis y obstáculos que le imponga la vida, y si eso
sucede, está casi al borde de alcanzar sus sueños, de lograr ser FELIZ. Nosotros lo fuimos.
¡Ah!...me olvidaba, si algún día se muda o vende, por favor
escriba sus diez instrucciones de uso.
Gracias, afectuosamente la familia.