RELATO VISUAL (analisis de una pintura)
RUIN(A)
CIRCULAR
La
vida del pintor Carlos Maier era circular, su casa era circular, sus cuadros, todo.
Siempre tuvo esa visión, como si a los objetos, a las personas, las observara
desde un teleobjetivo, un tubo, y las imágenes cotidianas adquirieran ese
formato, era como la mirada de un solo ojo.
Esta
pintura que estaba terminando no iba a ser la excepción, sería su obra culmine,
tendría un principio y un fin, era su precepto de la vida, la vida como giro de
compás. Comenzando y finalizando en un mismo punto, abanicando en un abrazo imaginario,
emociones, odios y amores, llanto y risas, rencores y reconciliaciones,
con distintos matices, “como mis
cuadros”, “como la vida misma”, -repetía Maier. Era una vida sin aristas.
Ni la muerte de su
mujer, tampoco el abandono de su hija habían modificado su persistente obsesión
de empezar y acabar sus obras desde
principio a fin. Era una soledad circular empezaba en el y terminaba en el.
La última confesión de
su hijo Eduardo que era gay, le había modificado, alterado su pensamiento
único; su teoría del compás, del círculo,
recordó que había leído lo
que decía Borges en sus “Ruinas Circulares”, “la relación entre el mundo
soñado y la realidad”. Hacía todas estas conjeturas mientras con enérgicas y tormentosas
pinceladas quería terminar el cuadro antes que venga a cenar su hijo, y cavilaba atormentado: ”No lo
podía creer, el hijo de Maier, puto”.
Hoy a la noche. Después
de meses de no verlo, volvería a
intentar cambiarle la elección sexual, ese pensamiento iba y venía, iba y venía
como un péndulo, espinoso, torturante e implacable. Abajo un ruido. El abrir y cerrar la
puerta de ingreso rompió la tensión de ese momento:
—¿Sos vos Eduardo?
—¡Si!.. soy yo!
—Subí al taller… te
quiero mostrar algo…
La puerta entreabierta
lo invitó asomarse.
—¡Mirá!.¡Acá está!...
fijate, prácticamente lo terminé— señalándo el atril.
—No podías con tu
genio, otra vez circular-dijo el hijo atribulado
— ¡Es que así es la
vida! ¡El mundo es así!-respondió Maier categórico
Tomándolo por los hombros, paternalmente le
dice, fijate, alejate, miralo, sentilo, ¿Qué ves?.., ¿Qué sentís?.., ¿notás la
tensión que tiene?.., ¿no te domina la emoción?.., ¡ahí puse todo!.., quedate
en silencio y dejá que todo nos invada. La
contemplación parecía interminable.
Carlos se paró frente a
la tela, y frenético empezó explicarle como en una clase de iniciados en el
arte, ves este fondo dorado, de oro, ¡acá hijo!—señalando y tocando con el dedo
la pintura como queriéndola atravesar— vos integras este cosmos, esto: era mi
proyección de vos, promisoria, rica, abundante, artística, como diría Borges“la
historia del hombre que sueña con otro hombre”—tocando ahora con la mano la parte inferior— ves,..
ves, estas son burbujas, vos Eduardito, vos, toda la vida viviste dentro de burbujas —quizás
en eso tenía que ver la madre, pensó— y le puse distintos verdes porque siempre tuve
la esperanza que cambiarías hijo, que cambiarías.
Acá podés ver dos
nubes; en una está tu madre y hermana, y en la otra nosotros dos, mirá, —otra
vez el dedo acusador— el arco iris de la bandera que vos levantás en cada
marcha de orgullo gay. ¿Qué paradoja no?, lo que te liberó a vos, me encarceló
a mí- dijo el padre resignado
Y esta es la mejor
parte Eduardito-avanzó solo hasta el cuadro- esta tijera, cortante, monumental, monolítica, castrante, es
la que terminó con mi inspiración, puso fin a mi libertad de expresión, cortó mis musas, de un tajo acabó con mi carrera…y
con la tuya irreversiblemente, y con un impulso felino tomó la tijera del atril
y sin escalas se la clavó en el corazón, lo miró a los ojos mientras lo veía
caer, y en una salmodia repetía ,”Eduardito, la vida es circular”, “Eduardito,
la vida es circular”.
Como poseído buscaba y
tiraba uno a uno sus cuadros, de aquí y allá, colgados y descolgados, acomodando
en un círculo perfecto todas las
pinturas alrededor del cuerpo yacente, y
casi como un ritual fue bendiciéndolos
con aguarrás, se sentó al lado del hijo impregnado de rojo sangre, sacó un
fósforo, ¿ves Eduardito?.. ahora cerramos el círculo, lo frotó contra el piso,
el taller se iluminó.
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