martes, 6 de febrero de 2018

RUIN(A) CIRCULAR

                                                    RELATO VISUAL (analisis de una pintura)
                                        RUIN(A) CIRCULAR
La vida del pintor Carlos Maier era circular, su casa era circular, sus cuadros, todo. Siempre tuvo esa visión, como si a los objetos, a las personas, las observara desde un teleobjetivo, un tubo, y las imágenes cotidianas adquirieran ese formato, era como la mirada de un solo ojo.
         Esta pintura que estaba terminando no iba a ser la excepción, sería su obra culmine, tendría un principio y un fin, era su precepto de la vida, la vida como giro de compás. Comenzando y finalizando en un mismo punto,  abanicando en un abrazo imaginario, emociones, odios y amores, llanto y risas, rencores y reconciliaciones, con  distintos matices, “como mis cuadros”, “como la vida misma”, -repetía Maier. Era una vida sin aristas.
Ni la muerte de su mujer, tampoco el abandono de su hija habían modificado su persistente obsesión de empezar y acabar sus  obras desde principio a fin. Era una soledad circular empezaba en el  y terminaba en el.
La última confesión de su hijo Eduardo que era gay, le había modificado, alterado su pensamiento único; su teoría del compás, del círculo,  recordó que había leído  lo que  decía Borges en sus “Ruinas  Circulares”, “la relación entre el mundo soñado y la realidad”. Hacía todas estas conjeturas  mientras con enérgicas y tormentosas pinceladas quería terminar el cuadro antes que venga a cenar su hijo, y cavilaba atormentado: ”No lo podía creer, el hijo de Maier, puto”.
Hoy a la noche. Después de meses de no verlo,  volvería a intentar cambiarle la elección sexual, ese pensamiento iba y venía, iba y venía como un péndulo, espinoso, torturante e implacable. Abajo un ruido. El abrir y cerrar la puerta de ingreso rompió la tensión de ese momento:
—¿Sos vos  Eduardo?
—¡Si!.. soy yo!
—Subí al taller… te quiero mostrar algo…
La puerta entreabierta lo invitó asomarse.
—¡Mirá!.¡Acá está!... fijate, prácticamente lo terminé— señalándo el atril.
—No podías con tu genio, otra vez circular-dijo el hijo atribulado
— ¡Es que así es la vida! ¡El mundo es así!-respondió Maier categórico
 Tomándolo por los hombros, paternalmente le dice, fijate, alejate, miralo, sentilo, ¿Qué ves?.., ¿Qué sentís?.., ¿notás la tensión que tiene?.., ¿no te domina la emoción?.., ¡ahí puse todo!.., quedate en silencio y dejá que  todo nos invada. La contemplación parecía interminable.
Carlos se paró frente a la tela, y frenético empezó explicarle como en una clase de iniciados en el arte, ves este fondo dorado, de oro, ¡acá hijo!—señalando y tocando con el dedo la pintura como queriéndola atravesar— vos integras este cosmos, esto: era mi proyección de vos, promisoria, rica, abundante, artística, como diría Borges“la historia del hombre que sueña con otro hombre”—tocando ahora con la mano la parte inferior— ves,.. ves, estas son burbujas, vos Eduardito, vos,  toda la vida  viviste dentro de burbujas —quizás en eso tenía que ver la madre, pensó— y le puse distintos verdes porque siempre tuve la esperanza que cambiarías hijo, que cambiarías.
Acá podés ver dos nubes; en una está tu madre y hermana, y en la otra nosotros dos, mirá, —otra vez el dedo acusador— el arco iris de la bandera que vos levantás en cada marcha de orgullo gay. ¿Qué paradoja no?, lo que te liberó a vos, me encarceló a mí- dijo el padre resignado
Y esta es la mejor parte Eduardito-avanzó solo hasta el cuadro- esta tijera, cortante, monumental, monolítica, castrante, es la que terminó con mi inspiración, puso fin a mi libertad de expresión, cortó  mis musas, de un tajo acabó con mi carrera…y con la tuya irreversiblemente, y con un impulso felino tomó la tijera del atril y sin escalas se la clavó en el corazón, lo miró a los ojos mientras lo veía caer, y en una salmodia repetía ,”Eduardito, la vida es circular”, “Eduardito, la vida es circular”.
Como poseído buscaba y tiraba uno a uno sus cuadros, de aquí y allá, colgados y descolgados, acomodando en un círculo perfecto  todas las pinturas  alrededor del cuerpo yacente, y casi como un ritual  fue bendiciéndolos con aguarrás, se sentó al lado del hijo impregnado de rojo sangre, sacó un fósforo, ¿ves Eduardito?.. ahora cerramos el círculo, lo frotó contra el piso, el taller se iluminó.


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