MICRORELATO DISLOCADO
JUNTOS….
Dicen
los vecinos: lo encontraron parado en la esquina, balbuceando, hablando solo,
confundido, palabras inentendibles, sollozando habló de su alejamiento
repentino. No le encuentra explicación a su deserción, no sabe lo que le pasó,
cree y está convencido que no le hizo nada, no le dio motivos, no sabe, se fue,
lo dejó.
Todo
comenzó en la niñez, los dos eran un vínculo, ligados, en el barrio le decían
“carne y uña”, “agua y humedad”, comentaban en voz baja “nacieron el uno para
el otro”; estaban soldados de por vida
Que
fueran al mismo colegio a nadie sorprendió, estaban en el patio junto,
compartían los mismos juegos, y en las salidas se escoltaban hasta la casa. Se
eligieron.
Nadie
dudó de su acompañamiento cuando lo vieron marcharse con él de viaje, en el de
egresados, en las vacaciones al mar, o el de mochileros.
Eran
inseparablemente unidos, en el baile del vals de su boda siguió su ritmo como
si hubieran ido a una academia, en su largo derrotero laboral iban y volvían,
iban y volvían mañana y tarde. Corrieron
juntos hasta la clínica para el parto, verla prolongarse al atardecer en la plaza hamacando a su hijo
agigantó su unión. No dudó jamás que
iban a llegar a viejos juntos; —“hasta que la muerte los separe”—.
Por
eso hoy en la esquina del barrio, todo es lamento, tristeza y confirmación: saber
que su sombra lo abandonó.
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