lunes, 5 de febrero de 2018

A PRIMERA VISTA

                                                   A PRIMERA VISTA
Juarez  seguìa pedaleando por la ruta que lo llevaba a la vieja iglesia , su bicicleta  roja que hacía oir el insoportable chirriar de su cadena oxidada, cada  pedaleo  era  un lamento.-
Dobló por el camino de tierra, al levantar su cabeza, el sol  le quedó  de frente y pudo divisar la negra cruz en la cúpula gris. Supo que le quedaban exactamente cincuenta y tres largos y pesados impulsos para llegar.-
Llegó, apoyó su bici en el añoso, roto, algarrobo de la Plaza del Centro, cruzó la calle y enfiló hacia las negras y magulladas puertas de madera de la iglesia.Sintió. Algo lo detuvo, como si fuera un puñal sobre su cuello que lo hizo girar quedando de frente con la vidriera de la rancia y vetusta tienda “Don Julio”. ¡Ahí estaba!. Una atracción invisible, una fuerza insondable llegada de Marte, Plutón, Saturno, alguien envió un rayo esotérico para quedar cara a cara con “Ella”.(hechizo)
“Ella” era el nombre que eligió, la bautizó; ”Ella” lo estaba mirando a él, no lo podía creer, nunca nadie le había clavado los ojos así, jamás conoció muchacha alguna con esa piel  fina, casi transparente, era una dama muy distinguida. Las mujeres  que  pasaron  por su vida  eran  las  mendicantes  putas  del  lupanar  del  Bajo, que en la cama fingían un sientimiento tan austero, casi obligatorio. Hoy acababa de conocer la hembra de su vida.(amor)
El reflejo del vidrio le devolvía una imagen desconocida , lúgubre y pálida como habitante madrugador de velorio. Se puso las manos en cada sien, se hizo sombra para verla mejor, y así ver cada detalle de esa Reina salida de algún Festival. Ahí seguía “Ella” imperturbable con su erótico Baby Doll con strass, que dejaba traslucir ese ángulo sexual tan deseado, y esos pechos firmes que lo invitaban a palparlos.(desaforado)
Don Julio desde adentro y  apoyado en el mostrador ojeaba el diario, miraba la vidriera; ojeaba el diario, miraba la vidriera, y veía como Juarez le empañaba el vidrio con su aliento  hediondo y húmedo. Salió como tiro a la vereda, con voz  cortante y arrojándole una percha, le gritó “¡¡el maniquí no se vende”!!.¡carajo!!..

Juarez rajó.

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