lunes, 2 de diciembre de 2019

ROJO PASIÒN


   ROJO PASIÓN
Comencé hablarles a las plantas el día en que mamá me regaló una maceta blanca con un geranio.

¡Jorge!, Jorgito, ¿sabés que día es hoy?, 21 de octubre, ¡Ah! te sorprendí: es que me dijiste, me rogaste, me ¡Exigiste!, si ¡Exigiste! Bueno aquí me tenés frente a vos. ¿Te gusto? ¿Estás contento?, ¿Eras lo que esperabas de mí? Te atrae este rojo carmesí, o hubieras preferido un rojo no tan apasionado; es que no sabés como me puse cuando me hablaste tanto de la rosa fucsia de la vecina, o el crisantemo naranja del 8” C” y, de las Fresia amarillas de la de enfrente, dijiste que eran la envidia del barrio.
Por lo que veo no pensás decirme nada, te quedaste mudo, y claro con todo lo me hablaste y hablaste en estos 30 días. Te resultará extraño que me presente así, al pie de tu cama ¿No? Es que recuerdo que vos hiciste todo lo posible para que yo apareciera, creo que hasta me implorabas que viniera.
¡Sí! recuerdo que esa era la frase que usabas como un salmo, ¡Ojalá vengas!, ¡Ojalá vengas!, ¡Ojalá vengas!, bueno... acá me tenés, ¿Qué pensás hacer conmigo? 


El 19 de setiembre, mi madre llegó al departamento con una maceta en sus brazos, y me dijo con satisfacción:
— Hijo es un geranio rojo, y sentenciando largò:
—Jorgito ponele agua y, <<tenés que hablarles>>, <<todos los días tenés que hablarles>>, <<así vienen hermosas, grandes, y exitosas>>.
La puse en mi balcón –era 20 de setiembre-- opuesta al sillón donde daba el sol indirectamente, ahí, junto al malvón (mi vieja dice que las plantas se envidian) miré alrededor, acaricié sus hojas, y entré.
El 21 de setiembre me levanté, tomé mi café, y llené la jarra verde con agua, regué primero el potus de la cocina sin dirigirle la palabra, segundo mojé el malvón y lo ignoré, fui directamente al geranio rojo y, con lentitud le fui echando agua y casi como un rezo, como una letanía, le musitaba, <<te doy 30 días para que florezcas>>, <<en 30 días no me podés defraudar>>, recordá tempus fugit, yo me voy a encargar de vos, te voy a cuidar y a regar siempre.  Y hablar, hablar, y hablar todos los días; y así durante 30 días.  Dice mi madre que da resultado. -


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