Demás está decir que es cuarentona, pero con un cuerpo y una lengua filosa, y un corazón tan frágil(para los amores)como su falda. Hacía tiempo que no la encontraba, apróximadamente, según ella el tiempo que dura unas cuatro o cinco relaciones extramatrimoniales. Eran su debilidad.
A propósito de tus gusto le marqué, ¿leiste a Roger Mill?, este tipo escribe cosas cotidiana, la vida misma, con angustias, amores, sentimientos encontrados, es mi apreciación una lapicera mordaz,aguda, crítica , fijate en su último libro de cuentos "El consolador", creo , me parece el tercer o cuarto cuento se llama "Mosquita Muerta", capaz que te identifiques, si no lo encontrás fijate en mi blog "milenguaserpentina" te lo publico para vos. Nos dimos un beso, y dijo chauuu...(también alargado).
RELATO
POLICIAL
“MOSQUITA MUERTA”
Mercedes de la Paz
seguía con su mirada clavada en el piso, más precisamente sobre sus zapatos negro “Gucci”, la
inmundicia que la rodeaba en la dependencia de la Central de Policía le parecía
indigna de su condición. Le pidió a su abogado que estaba revisando la documentación con Peña, le prestara su pañuelo para limpiar cuatro gotitas de sangre estacionadas sobre sus zapatos.
El celular en su mesa
de luz sonó estridente tres veces, Méndez pegó un salto en su cama y atendió
con un adormilado—¿hola?—¡escuchame Méndez!.., -reconoció la imperativa y enérgica voz de Peña que lo despabiló de un
saque—si díga jefe—. ¡Mirá movete rápido!,
hace unas horas murió de un ataque el Dr. Zanotti, buscate la mejor sala
velatoria, el mejor servicio—el lo amerita—ponete en contacto con el Secretario de Seguridad para disponer del cuerpo, yo ya me encargué de la ambulancia y de
la Federal. ¡Hacé las cosas urgente!—sonó autoritario—y cuando esté listo el
velatorio llamáme; ¡Ah!, mantené lejos a la prensa y la chusma¿tenés lapicera?,
bueno, tomá nota para hacer un comunicado. A los 55 años dejó de existir(…)
Peña era un tipo
resolutivo, diligente y hacía gala de sus contactos, frenéticamente tecleó los
números de su celular, y este llamado fue a Lucy, que como buena amante del Doctor
debía estar histérica.
-Lucy soy yo Peña,
escuchame bien,.. si; si no, no hubo vuelta atrás, si quedó duro, no grités,
calmate, bueno no grités, serenate por favor, pará, pará, también con la “fiestita”
de anoche, esa “falopa pura” que trajo tu amiguita y más el alcohol , perdimos
la cabeza, “nos pasamos todos de vueltas”.
-Si, si ya sé mi amor,
no fue distinta a otras veces, pero me parece que al Doctor esta vez se le fue
la mano con las “líneas” y con la “azulina”,
y seguro vos le exigiste demasiado.
-Bueno, escuchame bien mi vida, calmate, tranquilízate , llamá algún médico, tomate un sedante , pero ¡por
favor! no te arrimes, ni te asomes al velatorio, ni vos, ni tus amigas, ¡por favor querida! ¡No vayas!, va estar la
TV, funcionarios, familiares, la viuda y sus hijas. Mirá el lado positivo a esto,
hace seis meses que empezó lo nuestro, este amor intenso, profundo, apasionado,
ni sospechamos que iba a terminar así, con este desenlace, después que todo se
calme vamos hacer nuestros propios planes, tendremos nuestra vida. No llores
más, te amo.
Llevame al country de
Zanotti, le pidió Peña a su chofer, y el Mercedes Benz rugió.
Al ingresar a la casa ,
Peña se encontró con un cuadro de familia en el living, una imagen detenida en
el tiempo. Mercedes de la Paz en el sillón conteniendo a sus dos hijas , ella
toda de negro —un modelo exclusivo—, impasible, imperturbable, como si esto ya
lo hubiera vivido. Se abrazaron con Mercedes, la notó distante, sin sentir.
—¿Llamaron algún
médico?, ¿alguna emergencia?—dijo Peña
—No.No hace falta musitó
Mercedes, está todo controlado, las chicas están más calmas, y yo aceptando las
cosas como son.
A Peña no le llamó la
atención la entereza y el aplomo, ya
que tenía a la viuda como una mujer con
convicciones, condición que el carecía
ya que el era afecto a la falta de principios y traiciones.
—¿Fue el corazón?..¿no?—indagó
ella.
—Si, un paro.
—¿Dónde ocurrió?..
—En lo de Murillo, nos
habíamos reunidos por el tema elecciones, picábamos algo, y de repente el dijo
sentir un dolor aquí-señalándose el pecho-y cayó, intentamos reanimarlo, vino
emergencias, pero todo fue inútil.
—¿Toda la papelería
está lista?
—Si , certificado de
defunción, sala velatoria.Todo listo
—Bueno, busco un abrigo
y nos vamos.Caminó con decisión y compostura
hasta su vestidor.
Subieron al Mercedes,
viajaron del country al centro. Faltando una cuadra para la sala pudieron
divisar la conmoción, el alboroto, frenaron y de inmediato fueron protegidos
por la Seguridad, ingresaron raudamente dejando atrás los flashes y preguntas. Las
chicas se pusieron al lado del ataúd y lloraron desconsoladamente, Mercedes de
la Paz se sentó a un metro del muerto, indiferente a todos, y a él como si no
lo conociera, —en ocasiones solía ser desagradable—.
Su figura toda oscura,
contrastaba con las coronas y las flores, tenía
apoyada sobre su falda su cartera “Chanel” negra, la abrió y metió la
mano, el contacto con el frío metal le
transmitió serenidad, una cierta calma,
que no se podía adivinar tras sus grandes negras gafas.
Peña parado a su lado
observó su reloj marcaba 18.06, escuchó voces altas, gritos, aturdimiento, una
bella figura enfundada en un vestido negro que le calzaba como un guante
combinando con un sombrero negro y tul, se abalanzó sobre el féretro, aullando ¡vida
mía no!..¡vida mía no!,.. gimiendo como una gata en celo, era Lucy, —su corazón
se agitó—, la vió llorar abrazando a Zanotti, —el cajón no se cayó porque era
grande y pesado—, el asombro y el desconcierto entre los funcionarios y
familiares ganó la sala. Mercedes de La Paz observó
todo como si fuera un acto a la
vulgaridad, metió la mano en su negra cartera y sacó el revólver, se paró y gatilló tres veces, tres ruidos secos impusieron un
caos, una anarquía invadió el velorio. Lucy tirada en el piso metida en su vestido negro coronada con un charco
rojo, y por techo el cajón con su amante, la viuda miró el cuerpo tendido en el piso y lapidó —“¡ahora
si!, sos una mosquita muerta”—.
Mercedes de la Paz le devuelve a su abogado el pañuelo que antes
fue blanco ahora manchado de rojo, y
mirando a los ojos a Peña le confesó:“yo siempre supe todo”.
El abogado, con voz de abogado advirtió como sentenciando ; el homicidio “lo podemos
pelear”, emoción violenta, pérdida momentánea de conciencia, enajenación, ya vemos, ahora bien, si el análisis da positivo no nos salvamos de
reclusión perpetua.
—¿Qué análisis?-dijo
Peña
—De ADN, la familia y
las amigas sostienen que ella estaba embarazada de cuatro meses.
—No es de él—dijo
Mercedes. Se hizo la vasectomía hace 25 años, apenas nació nuestra última hija.
Peña se estremeció.. y
tragó saliva.