TE ESPERO
Jeny miraba
el celular.
Leyó el
mensaje mientras esperaba el colectivo que pasaba a las 21 frente a su trabajo.
Estaba sola, los pocos empleados se iban en motos o en autos.
El frío de julio
y las luces de los relámpagos que lo
iluminaban todo, la hicieron subir el cierre de la campera sintética.
Buscó
reparo bajo el árbol donde pasaba el 32. El árbol y los yuyales resecos eran su
única compañía.
Siempre
maldecía con sus compañeras el lugar descampado del conurbano donde se
instaló la fábrica. Este suburbio fabril
estaba 300 metros de la ruta, pero agradecía tener un salario ahí.
En un
momento sintió sirenas y vio venir por la calle de tierra, luces de patrulleros
y camiones de canales de noticias que acompañaban la caravana. Con callada
curiosidad, observó como allanaban la empresa. No le causó asombro ya que se
sabía, era chimento de pasillos y se formaban corrillos sin secretos entre los trabajadores,
que los dueños estaban involucrados en maniobras de dinero negro con
funcionarios públicos.
Miraba el despliegue
de la policía, la gendarmería y los movileros; mientras sentía que se venía la
tormenta en cualquier momento.
Con el
celular en la mano y sin dudas en su corazón, lejos vio venir el ómnibus.
Sonrió al pensar que, al bajar en la parada, iba ser feliz.
Súbitamente
un rayo cayó, y con la rapidez de un fósforo prendió fuego a los abundantes
matorrales, ella se sintió acosada por las llamas, la rodeaban cada vez
más. Rápidamente entendió que su final era inminente. Gritó.
En la
esquina de Juncal y Belgrano, donde paraban todos los micros, su enamorado la
esperaba con nerviosismo: ella le respondería si se casaba o no con él. Hoy era
el día. La última oportunidad—se acordó que había sido categórico con esa
decisión. Si no se volvería solo a Perú.
Él estaba
ahí. En la cita, esa esquina era ideal, ya que pululaban los negocios con
carteles de neón que atraían como moscas a los transeúntes. Su impaciencia la
calmaba mirando vidrieras; también se entretenía con las pantallas led viendo
algún partido de fútbol o noticias.
Miró por
enésima vez su celular, ella había leído su whatsapp.
Ansioso vio
las luces del 32. Frenó el ómnibus.
Pero ella
no estaba. Congelado fijaba sus ojos en la puerta del bus, veía sin ver, sintió
su ausencia. Olió su respuesta. Su ánimo se fue a pique.
Empezó a
llover.
En el local
de electrónica, un televisor mostraba en el noticiero el cadáver calcinado de
una mujer.
Él ya se
había marchado.